Noticias 14 Dic 2009 07:47 am
Un misil porteño destroza la esperanza del cuadro azul
PUNTARENAS A SEMIFINALES
Emanuelle Campos le dio el pase a su equipo con golazo en la recta final
Cartaginés apeló a un libreto defensivo y, de nuevo, terminó entre las brumas
GUSTAVO JIMÉNEZ M. | gujimenez@nacion.com
Un misil de Emmanuel Campos hizo añicos el sueño azul. De nuevo las enormes expectativas de la afición cartaginesa nada tuvieron que ver con la modesta realidad del equipo dentro de la cancha.
Puntarenas ganó con lo justo y así dio una lección. No hace falta un gran despliegue de recursos para salir por la puerta grande.
A este cuadro chuchequero nada le sobra, mas sabe cocinar faenas sumando granitos de arena.
Ayer tuvieron que jugarse el pase a semifinales con cuatro bajas. Las ausencias ni se notaron.
No se dejaron tentar por la desesperación cuando Jorge Barbosa puso a ganar a Cartaginés. ¡Qué golazo de la Flecha ! La corrida estuvo impecable, aunque a Porfirio López le faltó malicia para detenerlo fuera del área e impedir que el brasileño quedara en el mano a mano.
Con este Cartaginés la sensación de angustia nunca termina. El 1-0 era una ventaja muy frágil, difícil de proteger, porque en cualquier pestañeo Puntarenas era capaz de arruinarlo todo.
Los brumosos se echaron atrás. Al final de la primera mitad se dedicaron a perder tiempo en un tiro de esquina, en lugar de ir por el cabezazo. Fue todo un anuncio de intenciones para la segunda etapa.
Ajustes. El entrenador porteño Carlos Restrepo movió fichas en el banco. Emmanuel Campos entró a refrescar la delantera, un cambio que resultó determinante.
A los visitantes nunca les faltó voluntad para seguir tocando la puerta. Rafael Rodríguez lo intentó de bola muerta; Campos rasgaba desde la banda y Luis Lara se batía como un mosquetero contra toda la defensa central brumosa.
Cartaginés se dedicó a echar candados. Como lo admitió luego su entrenador Juan Luis Hernández, tampoco tenían mucho para sustentar otras ambiciones.
El equipo naranja mantuvo un paso constante, sin caer en prisas y sin distraerse inútilmente viendo el reloj a cada momento.
La recompensa les llegó al minuto 87. Campos pescó una pelota dentro del área, la “cacheteó” con el empeine y la clavó en el arco del guardameta Carlos Díaz.
El conjunto brumoso se lanzó a buscar un nuevo gol, pero ya no había tiempo ni reserva anímica para desgastar el muro visitante.
Ignacio Aguilar sacó un fogonazo lejano que pegó en el travesaño. Fue lo más cerca que estuvieron. El pitazo definitivo llegó y otra vez la afición blanquiazul tuvo que salir del estadio entre brumas.
Puntarenas avanza y en semifinales se topará con un complicado Herediano. Los porteños no son favoritos, pero en el futbol el hambre y la ilusión también cuentan.
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